Monday, 1 December 2008

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Mary ayer soñó con él. En el sueño también estaba su papá, y Soledad. Todos iban en un bus, enorme, y se dirigían a la estación de lanzamiento. A Mary le gustan los cohetes. Mientras andaban, notó que Soledad sacaba la cabeza por la ventana y saludaba a algunas personas que Mary no podía ver. Lo observó a él, y en medio de la gente, se sonrojó. Mary no sabe porqué le gusta tanto. No ha terminado de descifrar el acertijo que no existe, el misterio que no la envuelve. Quizá solamente se siente aparte y ya está. Mary le avisó a su padre y a la gente que tuvieran cuidado, que el carrete de hilo se iba a caer encima del bus. No la escucharon. Ella empujó a su papá a un lado y se corrió unos centímetros antes de que el impacto los acechara. El golpe los aplastó a todos, menos a él, a su papá y a Mary. Los brazos de los tres quedaron heridos. Cortes transversales, profundos, crueles. Los sentía, pero estaba feliz de haber salvado a su papá. El impacto del segundo hilo fue más fuerte, pero en ese momento ella se despertó.

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