Desde pequeña, Mary ha coleccionado gatitos de plástico, pequeños, de todas las formas que ha conseguido. Para ampliar su coleción, ha visitado ferias de artesanos, y casas de cistal. No tuvo gatos, pero desde que llegó a Argentina, en varios lugares en los que ha vivido, se ha encontrado con gatos. Ahora mismo, es dueña adoptiva de dos. Primero Valentina, ahora Bruno y Gloria.
En Córdoba, Mary quería comprar un gato en el paseo de las artes, pero el único que vio tenía un bigote demasiado grande, y para ser un pequeño de 1cm por cada lado no le sentaba bien, así que lo rechazó. Anoche, soñó que el gato cobraba vida, y era grande. Mary intentó acariciarlo sin saber las negras intenciones del odioso felino, pero éste cerro sobre su mano no cuatro, sino muchas patas con uñas afiladas que se enterraban en su piel mientras el animal temblaba como poseso y no la soltaba.
En el sueño Mary recordó la vez que se hirió con un cactus. A pesar de sus intentos el gato estaba aferrado a su carne. Logró quitarlo cuando metió la mano en agua. El gato se deshizo, aunque no las heridas. Cuando Mary sacó la mano del agua, podía ver su piel rasgada, sus músculos acuchillados, la sangre detenida en esa fracción de tiempo en la que parece estar demasiado asustada para salir, como si temiera asomarse y su silencio fuera una apología a las células perdidas. Cuando se despertó, se sintió feliz por tener sus manos sanas y suaves de nuevo.
2 comments:
Mary debería ir a dormir armada, con guantes y rociada con agua bendita.
A veces me apena Mary con esos sueños tan terribles aunque tampoco está nada mal esa alegría que tiene al despertarse intacta.
Si, Mary debería considerarlo. A mí también me apena cuando tiene esas pesadillas que a todas luces la dejan agotada.
Un abrazo.
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