Ayer Mary estaba ansiosa. Hoy presentaba un seminario, y como usualmente ocurre, está nerviosa hasta el segundo antes de comenzar a hablar. Es un estado casi envidiable. En todo caso, aceptable. Mary se acostó muy tarde, y alcanzó a dormir cuatro horas. No seguidas. Un evento habitual. Soñó que en medio de la exposición, la pantalla de su computadora se rompía, y ella tomaba el borrador del tablero, se lo pasaba, y quedaba como nueva.
Mary no gusta de las miradas evasivas.
Necesita la voz.
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