Había tomado un baño en el primer piso, y estaba muy pendiente de que no le pasara nada, porque no tenía puerta. Mary estaba en el segundo piso de una bodega. Ya vestida, sin animales alrededor. Desde allí veía el primer piso, una esquina en donde se encontraba un taller de mecánica. Pasó una anciana y dejó ahí una granada. Tenía la forma de las bombas de los dibujos animados, una esfera negra con papilo. Mary quería resguardarse, con dos personas más que estaban allí y ella quería proteger. No sabía cómo avisar, y tampoco estaba segura de querer hacerlo. De repente, un niño la agarró y se puso a jugar con ella. Alguien se dió cuenta, y tomó la bomba. Empezó a correr desesperado por deshacerse del artefacto, y como si fuera una cuerda invisible, su desesperación ató a muchos de los que estaban allí. Brincó hacia el lago, que ahora era el mar de Santa Marta, y metió la bomba. Estalló adentro, provocando un desfile de luces absolutamente hermoso. Él se convirtió en gigante, y el ruido de la puerta abriéndose despertó a Mary.
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